¿Qué es la biopolítica? Biopolítica y emprendedurismo

Entre 1978 y 1979, Michel Foucault dictó un curso en el College de France que luego de su muerte se publicó bajo el título de Nacimiento de la Biopolítica[*]. El curso se enmarcaba en la cátedra “Historia de los sistemas de pensamiento” que estuvo a cargo del filósofo entre los años 1971 y 1984. Según Foucault, en el resumen del curso, la “biopolítica”, como tema central del curso, es entendida allí como “la manera como se ha procurado, desde el siglo XVIII, racionalizar los problemas planteados a la práctica gubernamental por los fenómenos propios de un conjunto de seres vivos constituidos como población: salud, higiene, natalidad, longevidad, razas” (p.359). Problemas indisociables “del marco de racionalidad política dentro del cual se manifestaron y adquirieron su agudeza”; esto es: el liberalismo y, más propiamente, el neoliberalismo

Por lo tanto, la cuestión a analizar, en este contexto, es para Foucault las tensiones que surgen con un “sistema preocupado por respetar a los sujetos de derecho y la libertad de iniciativa de los individuos” y la necesidad de controlarles en un ejercicio permanente de gobierno sobre ellos (p.359). Así la reflexión pasa de la biopolítica al liberalismo y al neoliberalismo como marco de racionalidad donde la primera cobra sentido y concreción. La pregunta por la biopolítica, se vuelve en la pregunta por la genealogía del neoliberalismo.

¿Qué es el neoliberalismo?

Entonces si la pregunta es ¿qué es el neoliberalismo?, la respuesta de Foucault es primeramente negativa. En la clase del 14 de febrero de 1979, el autor parte de lo que “no es” el neoliberalismo para llegar luego a su definición positiva. De este modo, dice el autor, “el neoliberalismo no es Adam Smith; el neoliberalismo no es la sociedad mercantil; el neoliberalismo no es el gulag en la escala insidiosa del capitalismo” (p.156). El problema al que trata de responder el neoliberalismo, según Foucault, no era, como en el liberalismo de Smith, cómo disponer dentro de una sociedad política dada, de un espacio libre para el mercado.

“El problema del neoliberalismo, al contrario, pasa por saber cómo se puede ajustar el ejercicio global del poder político a los principios de una economía de mercado. En consecuencia, no se trata de liberar un lugar vacío sino de remitir, referir, proyectar en un arte general de gobernar los principios formales de una economía de mercado”, dice Foucault (p.157). El neoliberalismo es el principio y método de “racionalización del ejercicio del gobierno: una racionalización que obedece […] a la regla interna de la economía máxima”, que sería su especificidad (p.360). Implica, pues, una expansión de la lógica económica a todos los ámbitos de la sociedad.

¿Qué es un gobierno?

En este marco, el gobierno deja de ser un fin en sí mismo. La cuestión que se plantea, en cambio, es la cuestión del gobierno excesivo, el “gobernar demasiado”. El gobierno, en primer lugar, no debe entenderse como institución sino como “la actividad que consiste en regir la conducta de las personas en un marco y con instrumentos estatales” (p.360). Y aquel “gobernar demasiado” surge entonces como la problemática que van a tratar de resolver los economistas liberales: la tensión de determinar hasta qué punto intervenir, en qué ámbitos y por qué medios. Diferentes teóricos (en Alemania, sobre todo con la Escuela de Friburgo, y en Estados Unidos, con la Escuela de Chicago) van a criticar el socialismo soviético, el nacionalsocialismo, las políticas intervencionistas de Keynes, la política del New Deal y los programas implementados durante la segunda posguerra. Todos estos serán considerados como excesos del Estado indeseables para el sostenimiento de la nueva economía liberal.

En la medida que la competencia es una estructura formal, “rigurosa en su estructura interna pero […] frágil en su existencia histórica y real” (p.158), era necesario encontrar (o producir, que sería lo mismo en este contexto) el espacio concreto y real en el que pudiera actuar efectivamente dicha estructura. Para ello debía instaurarse un gobierno activo, vigilante e interventor. Pero no interventor en el sentido de una política planificada, sino como promotor y protector de un marco institucional que impida a la gente (se trate de poderes individuales o de poderes públicos) introducir distorsiones a esa estructura que asegura la competencia.

  • Un primer tipo de intervenciones se refiere a acciones reguladoras. Con ellas no se trata de “intervenir sobre los mecanismos de la economía de mercado, sino sobre las condiciones de este último” (p.170). Se trata de regular cuestiones coyunturales, como la inflación; mientras que aspectos sociales como “el mantenimiento del poder adquisitivo [y] el mantenimiento del pleno empleo” no serían objetivos primordiales.
  • Un segundo tipo de intervenciones son las acciones ordenadoras, cuya función es, para Foucault, “intervenir sobre las condiciones del mercado, pero sobre condiciones más fundamentales, más estructurales, más generales que las que acabo de mencionarles” (p.172). Estas se refieren a las condiciones de existencia propias del mercado, lo que los ordoliberales llaman el “marco”. Foucault tomó como ejemplo la agricultura europea a mediados del siglo XX y se pregunta, como lo hicieron los neoliberales, ¿sobre qué hay que intervenir si se pretende que ésta funcione dentro de una economía de mercado? ¿cuáles serían unas “buenas intervenciones” en este caso? La respuesta es: sobre el marco. Y, más aun, sobre la población. Vemos, entonces, el vínculo de la “nueva economía” con el gobierno (o la gubernamentalidad) cuyo ejercicio se hace sobre la vida a través de nociones que la hacen gestionable: población, técnicas, aprendizaje y educación, régimen jurídico, disponibilidad de tierras e incluso condiciones ambientales como el clima. La cuestión se desplaza del plano propiamente económico al de las bases materiales, culturales, técnicas, jurídicas sobre las que hay que actuar y que hay que modificar para que lo económico cambie, en consecuencia.

Un orden de competencia

En este orden de competencia, la desigualdad aparece como una necesidad más que como un problema. Por lo tanto, la política social (que busca la redistribución y la igualación entre las personas) es prácticamente proscrita como antieconómica. La política de resguardo que se promueve en este contexto ya no dependerá del Estado, sino de los propios individuos. Será una “política social individual”, privatizada, en la cual cada quien deberá asegurarse frente a los riesgos que supone el contexto social. Según Foucault, “no se trata, en suma, de asegurar a los individuos una cobertura social de los riesgos, sino de otorgar a cada uno una suerte de espacio económico dentro del cual pueda asumir y afrontar dichos riesgos” (p.178). La capacidad de las personas para procurarse tal resguardo va a pasar a depender del crecimiento económico. Desde esta lógica, dice Foucault, el crecimiento económico “debería permitir a todos los individuos alcanzar un nivel de ingresos suficiente para tener acceso a los seguros individuales, la propiedad privada, la capitalización individual o familiar, para poder enjugar con ellos los riesgos” (p.178).

¿Qué es un emprendedor?

El término emprendedor es regularmente para hacer referencia a un individuo modelo que organiza y opera una o varias empresas, asumiendo cierto riesgo financiero en ello. El concepto está vinculado a la iniciativa privada, pero llevado a un nivel microscópico. El emprendedor es el sujeto como una unidad-empresa que debe entrar, en tanto unidad libre, a una dinámica de competencia. Los medios, así como las campañas de promoción de esta “cultura emprendedora”, nos presentan, además, una imagen clara de lo que supuestamente es un “emprendedor”. Un hombre joven, pragmático, subversivo, pero blanco, heterosexual, “moderno” y feliz.

Según Foucault, para el neoliberalismo, la instancia reguladora de la sociedad es el mercado. Papel regulador que es, a su vez, “principio de la racionalidad política” en el marco neoliberal (p.181). De modo que el gobierno tiene que reconocer y observar las leyes económicas, interviniendo sobre el marco, el entorno social, para hacer que el mercado sea posible. Es en ese sentido, dice Foucault, que el neoliberalismo “hará precisamente de la sociedad el blanco y el objetivo de la práctica gubernamental” (pp.180-181).

Ahora bien, cuando el neoliberalismo retoma la función reguladora del mercado no lo hace pensando en el intercambio de mercancía, sino en los mecanismos de la competencia, como “competencia pura”. El gobierno sobre la sociedad entonces debe procurar una sociedad, no sometida al efecto mercancía, sino una sociedad sometida a la dinámica competitiva: “No una sociedad de supermercado: una sociedad de empresa” (p.182). La empresa como poder que le da forma de la sociedad. El fundamente es, pues, una “ética social de la empresa” que se incorpore hacia abajo, en los sujetos, individuos concretos sometidos a esa dinámica de competencia empresarial. Un ejercicio de una Vitalpolitik, poder sobre la vida. Un gobierno biopolítico de racionalización económica de la sociedad, donde las “unidades básicas” tengan la forma de la empresa, y cuya exacerbación es la conversión de los individuos en unidades-empresas, “emprendedores” que, sin un soporte asegurado para su vida, exponen sus vidas a la competencia.

Entonces, “sociedad de empresa y sociedad judicial, [una] sociedad ajustada a la empresa y [una] sociedad enmarcada por una multiplicidad de instituciones judiciales; […] dos caras de un mismo fenómeno”, dice el autor (p.187). Una sociedad culturalmente adecuada a la idea del sujeto como soberano, “libre” de movilizar sus recursos para competir a voluntad, sin ataduras ni seguridad. Una sociedad de éxito que haga recaer la culpa siempre sobre el sujeto y nunca sobre las condiciones estructurales donde la competencia tiene lugar. Precisamente una “cultura emprendedora” que enaltezca el riesgo como libertad y la exposición a la precariedad como emprendimiento.


[*] La edición que cito y con la que se corresponde las páginas referidas es la del Fondo de Cultura Económica de 2007. Una versión en PDF está disponible para su descarga en Scribd.

¿Algo que aportar? Deja un comentario