5 consejos (y herramientas) para el desarrollo de una investigación documental

5 consejos útiles para el feliz desarrollo (1)

Sea como parte de un estudio más amplio o de una investigación documental, el manejo de fuentes documentales es siempre un proceso sistemático y riguroso que amerita tiempo y dedicación. Por eso probablemente muchas personas la ven como una práctica tediosa y cuesta arriba. Sin embargo, el punto de partida de cualquier proceso científico «es siempre bibliográfico» (Montero y Hochman, 2005) y la única forma de aprender a investigar es investigando.

Por lo tanto, si se quiere realizar un estudio científico (sea en el área que sea) lo más pertinente es encontrar, ante todo, los procedimientos técnicos que mejor se adecuen a nuestros propios ritmos de trabajo, fines y propósitos, y que nos aseguren niveles óptimos de productividad en las fases que tienden a ser las más áridas para la mayoría. Con esto en mente, y partiendo de mi experiencia, en este entrada comentaré cinco técnicas útiles para el feliz desarrollo de una investigación documental y algunos consejos (y herramientas) para ponerlas en práctica y obtener los mejores resultados.

1. Buscar—seleccionar—leer

Cuando emprendemos una investigación, no siempre los textos que encontramos y terminamos leyendo aportan datos valiosos a nuestros objetivos y a nuestro trabajo. Por el contrario, Internet en general y el auge de repositorios y archivos en abierto, en particular, nos hacen disponer de una inmensa cantidad de información científica, que facilita la dispersión. Esto tiende a traducirse además en una acumulación indiscriminada de contenido que nos lleva a postergar una y otra vez el momento de leer y utilizar, de alguna forma, los documentos.

  • Para evitar esta situación, lo primero que debemos hacer es revisar superficialmente (leyendo títulos, resúmenes, palabras claves, bibliografías, etc.) cada artículo o documento, condicionando su selección y almacenamiento a nuestros objetivos y temática.
  • En segundo lugar, cada tanto tiempo, es necesario que detengamos la búsqueda y nos dediquemos a leer con atención los textos seleccionados.
  • Cuando la información se empieza a repetir (por ejemplo, hay coincidencia en cuanto a las obras citadas en diferentes artículos) se puede decir que se ha alcanzado un cierto punto de saturación (pese a que siempre quedarán aspectos novedosos y cosas por indagar). En última instancia, queda de parte de cada quien detener allí el proceso (si se encuentra satisfecho con el punto de saturación alcanzado) o volver a la búsqueda de otros textos para profundizar en un nuevo aspecto que haya surgido o consultar algún autor o autora que, anteriormente, no había considerado.

En suma, se trata de mantener ciclos continuos de «búsqueda, selección y lectura» de fuentes documentales, que nos permitan gestionar de una mejor manera el tiempo del que disponemos. Así, además, evitamos acumular grandes cantidades de documentos y podemos ir descartando y revisando nuestros avances sobre la marcha. En cambio, si esperamos haber acumulado toda la información que consideramos pertinente, la labor de leer «todo eso» será mucho más extenuante (y generará cierto rechazo de nuestra parte) y, al final, probablemente nos daremos cuenta que ésta no era toda la información que necesitamos, así que de igual forma tendremos que volver a la búsqueda y selección.

Es evidente que a lo largo de estos ciclos siempre debemos tener en cuenta los objetivos y el propósito de nuestro trabajo. Mantener una intencionalidad clara durante el proceso ayuda a la motivación.

5 consejos útiles para el feliz desarrollo (1)Otra forma de ejercer presión y motivarnos es usando estas aplicaciones móviles ideadas para «optimizar» la productividad en la gente. Aunque no suelo utilizar este tipo de herramientas, de las que conozco y he probado, Rewire me parece bastante usable y útil. Ésta te permite establecer rutinas y metas. Se encargará entonces de recordarte el cumplimiento de dichas rutinas, y además te presentará un registro (estadístico) de tus avances en función de las metas fijadas.

2. Rayar y subrayar los libros

Sobre este punto hablé antes, así que no me detendré demasiado. La recomendación básica es combinar la lectura con un sistema para identificar lo que nos interesa de cada texto. La manera más idónea (o la que yo prefiero) es destacar, a través del subrayado (o resaltado), los fragmentos que queremos extraer y que utilizaremos luego en nuestro trabajo final.

La función del subrayado, como dicen Montero y Hochman (2005), es aislar ciertas ideas del texto global, según las necesidades de quien realiza la lectura. El aislar estas ideas supone extraer aquellas oraciones o párrafos que hayan llamado nuestra atención, sea de manera negativa (criticables o cuestionables) o positiva (que consideramos ciertos o con los que estamos de acuerdo), respondiendo a algún criterio definido (categorías, temas, etc.). Por ello estas autoras, al igual que Eco (2001), aconsejan el uso de elementos diferenciadores como pueden ser los colores del subrayado.

Como ya decía en aquella entrada, el uso cada vez más extendido de libros electrónicos y la lectura a través de pantallas —de computadoras, tabletas, celulares— implica cambios en la forma de hacer anotaciones sobre el papel y en la manera de rayar y subrayar los textos. En el caso de los documentos PDF, por ejemplo, es muy sencillo incorporarle comentarios vinculados a fragmentos específicos, pero puede dificultarse el hecho de subrayar utilizando diferentes colores —como señala Claudia Vallvé en esta entrada.

5 consejos útiles para el feliz desarrollo (2)Una opción que permite rayar PDFs de un modo más «natural» y con muchos colores, según se prefiera, es iAnnotate, una útil aplicación para celulares y tabletas que lamentablemente no tiene versión para computadoras de escritorio pero ofrece la alternativa de exportar (vía email) los PDFs con todas las anotaciones y subrayados hechos sobre éstos.

3. Ordenar los datos y la información consultada

Para demasiada gente, una de las situaciones más problemáticas al momento de realizar una investigación documental es el registro adecuado de la información que se extrae de los textos consultados y su posterior uso o citación en el trabajo final. No registrar o no hacerlo de manera adecuada puede traer como consecuencia que se incurra (a veces sin querer) en el plagio, al no hacer mención correctamente del autor o autora original. Por ello es importante ir ordenando sistematicámente la información que tomamos de diferentes fuentes documentales.

La técnica más usada (por no decir la única, con múltiples variaciones) es la del fichaje. Para Montero y Hochman (2005), el fichaje «constituye una técnica que permite acumular datos, recoger ideas y organizarlo todo en un fichero», lo que la convierte en «una constante fuente de información, creciente y flexible» (p.22). El fichaje está basado en la utilización de fichas, entendidas como unidades separadas e independientes, que pueden ser transportadas y reinsertadas una y otra vez en diferentes ficheros (incluso reciclándolas para diferentes investigaciones). Son pues, según palabras de estas mismas autoras,

la memoria fiel del investigador […] almacén de sus ideas y […] depósito donde se acumulan los datos que obtiene en su trabajo (p.22).

Es de suma importancia tener en cuenta que el fichaje no debe ser un carga más dentro del proceso de investigación sino, por el contrario, un procedimiento que permita aligerar el trabajo para obtener mejores resultados. Si bien autores como Eco (2001), las mismas Montero y Hochman (2005) o González Reyna (1994), entre otros, proponen modos útiles para llevarla a la práctica, lo más importante de esta técnica es el hecho de generar un sistema que sea cómodo para quien lo vaya a utilizar, que se ajuste a sus competencias y que le permita, en fin, presentar un trabajo adecuado a los requerimientos institucionales de una determinada comunidad científica.

Asimismo, la ficha no necesariamente es una cartulina fina donde se vacía información, sino precisamente la unidad independiente que nos permite el almacenamiento de un contenido valioso, clasificado de acuerdo a la naturaleza y los objetivos de la investigación. Esta unidad independiente puede ser, por supuesto, una cartulina física (12,5 x 7,5 cm., para mayores señas) pero también una «hoja» o un «documento» del procesador de palabras que regularmente usamos o una «nota» en aplicaciones como Evernote, Wunderlist, en gestores como Zotero o en programas especializados como NVivo, entre otros. Un fichero, asimismo, puede ser perfectamente una «carpeta» dentro de «Mis Documentos» de Windows que a su vez contenga otras carpetas correspondientes a los temas, variables, categoría o apartados que contempla nuestro trabajo. Independientemente de como lo empleemos, lo fundamental es que el fichaje nos permita

  1. extraer y almacenar información que consideramos valiosa para nuestro estudio;
  2. volver a esa información de manera sencilla, cada vez que nos sea necesario; y
  3. almacenar de modo confiable los datos bibliográficos y/o hemerográficos de los documentos consultados —para así evitar el plagio.

Considerando esto último, debemos tener en cuenta la importancia de almacenar todos los datos bibliográficos relevantes y no solo aquellos que nos demanda algún estilo de referenciación en particular. Por ejemplo, aunque decidamos (o se nos exija) utilizar el estilo APA —donde se pide colocar solo la inicial del nombre del autor o autora en las referencias— sería conveniente registrar en nuestras «fichas» los datos completos de todos los autores y autoras —nombres y apellidos—, ya que posiblemente luego pudiéramos presentar el mismo trabajo (o una parte o adaptación de él) en un formato distinto y con un estilo —digamos, por ejemplo, el Turabian— que quizá amerite colocar el nombre completo del autor o autora.

4. Registrarlo todo

Así como es necesario extraer y almacenar la información valiosa de las obras que consultamos, es también importante (quizá más) emplear un sistema de almacenamiento y clasificación para nuestras propias ideas. En investigación, este tipo de fichas autorreferenciales se suelen llamar memos, que son utilizados mayormente en investigaciones de corte cualitativo, sobre todo en la Grounded Theory o teoría fundamentada.

Como sucede con las fichas de contenido referencial (que pueden ser de resumen, de paráfrasis o textuales), los memos pueden también clasificarse de acuerdo al uso que le demos y a la información que contienen. Se puede hablar, por ejemplo, de

  • memos teóricos,
  • memos metodológicos o
  • memos analíticos, entre otros.

Pero más allá de estos términos, lo importante es la funcionalidad del recurso en el proceso de investigación. Los memos o recordatorios se diferencian del cuaderno de apuntes en que son —como las fichas— unidades independientes de almacenamiento donde registramos nuestras ideas con miras a producir un análisis o un conocimiento nuevo en torno a la problemática abordada. Son bosquejos analíticos que luego tendremos tiempo para desarrollar en el trabajo final.

Además de nuestros insight, los memos pueden recoger nuestros cuestionamientos, dudas, críticas, sentimientos respecto a determinada situación, etc. Lo importante, en fin, es registrar todo aquello que podría servirnos de insumo para el momento de la redacción. Está claro que muchas de estas ideas luego nos parecerán desacertadas o fuera de lugar; sin embargo, tenerlas, guardarlas y volver a ellas seguramente despertará nuestra creatividad al momento de ponernos a escribir.

También acá hay varias aplicaciones que —aunque no fueron creadas para tal fin— simplifican el proceso de registro en un estudio científico. Pedro Margolles recomienda usar, por ejemplo, Wunderlist.

5 consejos útiles para el feliz desarrollo (3)En mi caso, he utilizado Evernote y me ha funcionado bastante bien. Evernote te permite crear notas en diferentes formatos, incluso escritas a mano alzada (en digital) y con archivos adjuntos. También tienes la opción de fotografiar dibujos, anotaciones, objetos, etc., y guardarlos junto al resto de las notas. Se pueden utilizar las «Libretas» y a su vez las «Etiquetas» para clasificar la información almacenada y, lo más importante, se puede descargar la aplicación al celular y sincronizarla con la página web (o con la aplicación en la computadora), con lo cual puedes hacer anotaciones en cualquier parte desde el teléfono móvil.

5. Esquematizar y representar gráficamente

Además de registrarlo todo, es útil construir esquemas y representaciones gráficas de nuestras ideas. De esta manera hacemos visibles las conexiones entre elemento, expresadas en jerarquías y con frases cortas, síntesis de conceptos, datos y hallazgos importantes. Esto nos deja tener una visión global de las relaciones y coincidencias que hemos ido «descubriendo».

La construcción de un esquema inicial de trabajo debe ser, incluso, uno de los primeros pasos dentro de todo el proceso de investigación documental. Este primer esquema debe ir refinándose a través de los ciclos recursivos de búsqueda, selección y lectura de fuentes documentales y, a su vez, debe servir de fundamento para la clasificación y almacenamiento de las fichas y los memos.

Asimismo, junto a los esquemas, la construcción de mapas mentales, mapas conceptuales y figuras ilustrativas que desmenucen y simplifiquen los conceptos o las teorías con las que estamos trabajando, sirven para hacerlas más comprensibles y para potenciar nuestra creatividad y capacidad de asociación. Aunque en este caso, me parece más recomendable trabajar con lápiz y papel (mientras más grande sea la superficie, mejor), también hay algunas herramientas en línea que facilitan este trabajo. Una de ellas es MindMeister, que sirve para hacer mapas conceptuales, a los que puedes agregarle enlaces a páginas webs, entre otras opciones.

Cuestión de gustos y estilos

Los programas especializados de apoyo a la investigación cualitativa como NVivo, Atlas ti y MAXQDA incluyen muchas funcionalidades que simplifican y a la vez potencian el empleo de los procedimientos técnicos aquí comentados, y son útiles sobre todo para la realización de investigaciones de gran envergadura.

Por supuesto que utilizar estas herramientas es una opción válida y ventajosa. No obstante, los aquí expuestos son recursos no especializados que, aún así, a mí me han funcionado. En todo caso, lo más importante, como dije arriba, es utilizar las herramientas que mejor se ajusten a nuestras necesidades y habilidades, y que nos permitan obtener el mejor de los resultados, sin importar si éstas son costosas, elegantes y especializadas o no.

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